Bach AM 2010 Cap.1
Bach AM 2010 Cap.1
Bach AM 2010 Cap.1
Editorial Biblos
Bach, Ana María
Las voces de la experiencia: el viraje de la filosofía
feminista. - 1a. ed. - Buenos Aires: Biblos, 2010.
174 pp.; 23 x 16 cm.
ISBN 978-950-786-794-1
1. Filosofía. I. Título
CDD 190
Capítulo 1
Experiencias: ¿mías, nuestras…? Experiencia y subjetividad ....................... 19
Acerca del concepto de experiencia .............................................................................. 19
La experiencia de la autoconciencia o devenir feminista ........................................... 28
Sandra Lee Bartky y la conciencia feminista .............................................................. 29
Experiencia y subjetividad ........................................................................................... 33
Teresa de Lauretis y la importancia de la semiótica ................................................... 33
Capítulo 2
Estrategias de lucha por la palabra: experiencia y política ........................... 41
Experiencia, teoría y márgenes ................................................................................... 42
bell hooks y el sentido de actuar en los márgenes ...................................................... 45
Hablar en lenguas ........................................................................................................ 51
Gloria Evangelina Anzaldúa y la rebeldía a partir del lenguaje ............................... 52
María Cristina Lugones y los peregrinajes ................................................................ 54
Experiencia y poscolonialismo ..................................................................................... 57
Chandra Talpade Mohanty y el feminismo sin fronteras ........................................... 58
Capítulo 3
Un giro de 180 grados: experiencia y conocimiento ......................................... 63
La revalorización del conocimiento cotidiano ............................................................. 64
Epistemologías feministas ........................................................................................... 69
Empirismo feminista .................................................................................................... 72
Lynn Hankinson Nelson y las comunidades epistemológicas ..................................... 73
Desde un punto de vista (standpoint) .......................................................................... 75
Dorothy Edith Smith y la conciencia bifurcada .......................................................... 76
Sandra Harding y las críticas al hablar “desde ninguna parte” ................................ 81
Patricia Hill Collins y el pensamiento “afrodescendiente” ........................................ 86
El posmodernismo feminista ........................................................................................ 92
Donna Haraway y la perspectiva parcial .................................................................... 92
Lorraine Code: un ejemplo de insuficiencia de la clasificación .................................. 97
Capítulo 4
Cuando no hay palabras: experiencia y lenguaje ........................................... 105
Joan Wallach Scott: la experiencia como evento lingüístico .................................... 105
La fenomenología feminista responde ....................................................................... 111
Iris Marion Young y la experiencia como contexto y acción ..................................... 111
Linda Martin Alcoff y cómo hablar de lo inarticulable ............................................ 114
Atando cabos
Algunas conclusiones ............................................................................................. 121
Apéndices
Del activismo a la universidad: los feminismos en el contexto
estadounidense ...................................................................................................... 133
Razones y sinrazones de los “post” ............................................................................ 143
Eso que llamamos patriarcado ................................................................................... 149
Biobibliografías: vidas y teorías ................................................................................. 155
Los llamados “estudios culturales” que emergieron hacia mediados del si-
glo XX fueron configurando un campo de estudio cuyas consecuencias, entre
otras, consistieron en romper las barreras planteadas por las disciplinas tra-
dicionales y desdibujar los límites entre las humanidades y las ciencias socia-
les, constituyendo un área común de conocimiento que contribuye a redefinir
los ámbitos disciplinares. Fredric Jameson afirma que surgieron “como resul-
tado de la insatisfacción de otras disciplinas, no sólo por sus contenidos sino
por sus muchas limitaciones” y, en tal sentido, son posdisciplinarios (Jameson,
1998: 72). Según el informe de la Comisión Gulbenkian para la Reestructura-
ción de las Ciencias Sociales, el desafío de los estudios culturales incluiría tres
temas principales:
Los tres temas que se han conjuntado en los estudios culturales son:
primero, la importancia central, para el estudio de los sistemas sociales
históricos, de los estudios de género y todos los tipos de estudios “no euro-
céntricos”; segundo, la importancia del análisis histórico local, muy ubi-
cado, que muchos asocian con una nueva “actitud hermenéutica”; terce-
ro, la estimación de los valores asociados con las realizaciones tecnológi-
cas y su relación con otros valores. (Wallerstein, 1996: 71)
3. Alice Walker (1983) acuñó este término y afirmó que la mujerista (traducción que se hizo de
womanist) era a la feminista blanca como el color púrpura al lavanda. Una mujerista es una
mujer que quiere a las mujeres y aprecia la cultura y el poder femeninos como algo incorporado al
mundo como un todo, incluyendo las diferencias que el elitista feminismo blanco había dejado de
lado. Las mujeristas son feministas negras o de color y se considera que son superiores al feminis-
mo blanco. El movimiento tuvo una amplia difusión y desarrollo.
4. Es una denominación sociopolítica que se refiere a las mujeres de África, Caribe, Asia, descen-
dientes de América Latina, nativas de Estados Unidos y a quienes en las últimas décadas han
inmigrado a ese país, por ejemplo, árabes y coreanas, entre otras. Dice Cherrie Moraga (1988): “A
fines de los años 70, las mujeres de ascendencia asiática, latinoamericana, indígena norteameri-
cana y africana empezamos a reclamar el término «mujeres de color», como un término de identi-
ficación política para distinguirnos de la cultura dominante. A la vez, reconocemos nuestro esta-
tus de colonizados que compartimos con otras mujeres de color a través del mundo”. Pero aunque
consideren que las afrodescendientes están comprendidas, ellas no se sienten parte porque consi-
deran que su lucha comenzó contra la esclavitud, como lo afirman por ejemplo bell hooks o Patri-
cia Hill Collins.
12 ANA MARÍA BACH
5. Tomé el término “biobliografía” de las filósofas italianas. Lo empleo para designar la relación
estrecha entre la obra escrita de las autoras y su vida.
CONSIDERACIONES INTRODUCTORIAS 13
autoras tratadas y la relación con la obra que produjeron. Como afirma Linda
Martin Alcoff (1999): “Ningún trabajo teórico es ajeno a la experiencia de quien
lo ha escrito” (125).
A la tendencia que afirma que lo importante es el producto, la obra escrita,
y no quien escribe, contrapongo la relevancia que reviste conocer los datos
personales de las autoras tratadas, ya que saber acerca de sus orígenes, posi-
ciones de clase, identidad/es sexual/es, formación intelectual y religiosa, ade-
más de su inserción académica, hace que comprendamos mejor su producción.
En ese sentido, dice Hannah Arendt (1993):
6. Debo aclarar que aunque mis planteos respecto de las biobibliografías son para las autoras
tratadas en esta publicación, no considero que valen sólo para este caso particular sino que son
significativas también para las y los intelectuales pertenecientes a cualquier ámbito.
7. Sandra Harding no adheriría a esta postura porque opina que esto es dejarle el trabajo a quien
lee. Lo que importa, para esta autora, es que cada una/o asuma su contexto críticamente y expli-
que desde donde habla, en lo que ha llamado “forma fuerte de reflexividad” (strong reflexivity)
(Hirsh y Olson, 1995). Tampoco bell hooks, que decide escribir su nombre en minúsculas porque lo
que importa es la obra y no quien la escribe… aunque las referencias autobiográficas son conti-
nuas en su producción.
CONSIDERACIONES INTRODUCTORIAS 15
8. Esto se observa particularmente en las epistemólogas que provienen del análisis filosófico. Se
verá con mayor claridad cuando se trate la relación entre experiencia y conocimiento.
9. Es el caso, entre otras, de Teresa de Lauretis. Véase el capítulo 1.
16 ANA MARÍA BACH
Aunque esta obra fue concebida como un todo, la estructura de los capítu-
los y los apéndices hace que cada uno pueda ser leído por separado. La idea
rectora es que quien tenga este libro en sus manos pueda hacer su propio
recorrido de acuerdo con sus intereses o prioridades. De todas maneras, sugie-
ro que cuando se lea el pensamiento de alguna teórica se dirijan previamente
a su entrada correspondiente en el apéndice “Biobibliografías”.
La exposición de los temas no sigue un orden cronológico excepto en lo rela-
tivo a los grupos de autoconciencia y la conciencia feminista. La obra se desa-
rrolla a través de cuatro capítulos, las conclusiones y cuatro apéndices.
El capítulo 1 aborda la relación entre experiencia y subjetividad. En una
primera instancia me refiero a una breve caracterización histórica de la no-
ción de experiencia y su resignificación en el interior del feminismo. La rela-
ción entre la construcción mutua de la subjetividad y la experiencia se mues-
tra en el feminismo a propósito del papel que juega la experiencia en la auto-
conciencia o toma de conciencia de ser feminista. Por esto reseño los inicios de
los grupos de autoconciencia y luego presento la descripción fenomenológica
que realizara Sandra Bartky acerca de lo que llama “experiencia feminista” o
“conciencia feminista”.
Acerca de esta relación, subjetividad y experiencia, es obligada la inclusión
de la obra fundacional de Teresa de Lauretis, quien efectuó un original aporte
al introducir el papel que juega la semiótica.
El capítulo 2 está dedicado a la dimensión política de la experiencia, di-
mensión fundamental ya que el feminismo es básicamente un movimiento de
lucha política y la teoría no puede ignorar las bases de las cuales parte. Esa
relación se ve de forma más patente en aquellas teóricas que se han desarro-
llado en los márgenes, como la afro-estadounidense bell hooks. Asimismo son
relevantes tanto el hecho de “hablar en lenguas”, una forma de resistencia de
la polifacética obra de Gloria Anzaldúa y María Lugones, como la relación
entre experiencia y poscolonialismo en la voz de Chandra Talpade Mohanty.
El capítulo 3 está referido al tratamiento de la faz epistemológica de la
experiencia. La epistemología feminista es una versión claramente distinta de
la epistemología tradicional, que parte de considerar que no hay una brecha
entre conocimiento cotidiano y conocimiento científico. Dentro de las episte-
mologías feministas, tomo como base la clasificación de Sandra Harding, cons-
ciente de la insuficiencia de las clasificaciones, pero adoptándola como un cri-
terio de ayuda a la exposición. Se presenta en primer lugar el empirismo femi-
nista en la obra de Lynn Hankinson Nelson, seguida del abordaje del complejo
punto de vista feminista (standpoint). Aunque es característico de la postura
de Sandra Harding, comienzo con quien ha sido su iniciadora, la socióloga
canadiense Dorothy Smith, para después sí pasar a la exposición sobre Har-
ding y complementarla con otro punto de vista interesante como lo es el pensa-
CONSIDERACIONES INTRODUCTORIAS 17
miento negro en la obra de Patricia Hill Collins. Cercanos a los proyectos que
enfatizan el conocimiento desde un punto de vista, considero los llamados “pos-
modernistas” por Harding y he elegido como exponente la producción de Don-
na Haraway. Pero ya he anunciado que las clasificaciones no son exhaustivas
y que hay ejemplos que escapan a toda intención de etiquetarlos. Justamente
uno de los casos resistentes es el de Lorraine Code.
El capítulo 4 trata un tema que aún sigue siendo polémico, el de la relación
entre experiencia y lenguaje. La interpretación realizada por parte de Joan
Scott de la experiencia como un “evento lingüístico” limitó la posibilidad de
considerar las historias de vida en las ciencias sociales. Pero movimientos
anteriores incluso al llamado “giro lingüístico”, como la fenomenología, pro-
veen una postura alternativa superadora y fueron retomados para la teoría
feminista por Iris Marion Young a través del estudio del movimiento como
lenguaje. Asimismo, Linda Martin Alcoff y Laura Gray escribieron acerca de
la experiencia de las sobrevivientes de abusos sexuales y muestran que exis-
ten experiencias que, al menos en un principio, poseen un núcleo inarticulado.
“Atando cabos” opera como cierre del trabajo y como forma de articular las
posiciones que en muchos sentidos son convergentes, pero cada una con mati-
ces diferenciales. Se presenta un mapa conceptual que integra los sentidos de
experiencia tratados y una evaluación final de las diversas contribuciones que
sintetiza sus interrelaciones, sus diálogos implícitos y explícitos, mostrando
cómo con sus especificidades se puede delinear un cuadro teórico distintivo de
las posiciones feministas contemporáneas y que pueden ser aplicadas a nues-
tra realidad.
En los apéndices figura en primer término “Del activismo a la universali-
dad: los feminismos en el contexto estadounidense”, que brinda un panorama
de los feminismos en el ámbito estudiado y la evolución de los Women’s Studies
o estudios de mujeres. Se establecen aclaraciones acerca de la terminología y
los supuestos que se manejan en capítulos como “Razones y sinrazones de los
post”, que ofrece un panorama de posturas y/o movimientos influyentes en el
feminismo, como lo son el posestructuralismo y la posmodernidad. En “Eso
que llamamos patriarcado” se habla acerca de la estructura social del patriar-
cado en la cual estamos inmersas e inmersos, y se recogen hipótesis relativas
a su origen y posibles relaciones con otros sistemas sociales. Por último, se
consignan en orden alfabético las biobibliografías de las teóricas tratadas, que
completa mediante datos y comentarios las menciones realizadas en los capí-
tulos en las que están incluidas.
***
[ 19 ]
20 ANA MARÍA BACH
1. En el sentido que le diera Gayatri Spivak como quienes no pueden hablar en la medida en que
no hay institución que escuche y legitime sus palabras; no pueden llevar a cabo eso que se denomi-
na un acto de habla, entre otras cosas porque carecen de autoridad para hacerlo (Landry y Mac
Lean, 1996).
EXPERIENCIAS: ¿MÍAS, NUESTRAS...?: EXPERIENCIAS Y SUBJETIVIDAD 21
2. En todos los casos coloco a manera de ejemplos a teórica/s y teórico/s pero, por supuesto, no
pretende ser una enumeración exhaustiva.
24 ANA MARÍA BACH
Gráfico 1
Política
Experiencia
Cognoscitiva Psicológica
Según Raymond Williams (2003), desde fines del siglo XVIII se pueden reco-
nocer dos sentidos principales en que se usa el término “experiencia” en nues-
tra cultura: uno ligado al pasado, a las llamadas “lecciones” de la experiencia,
y el otro en conexión con el presente designando a una conciencia en actividad,
aunque la separación no sea tan neta en realidad como para distinguir uno de
26 ANA MARÍA BACH
Gráfico 2
Acepciones de “experiencia”
Experiencia
presente
pasado conciencia
“lecciones” activa
proceso
ensayar o sentir
poner a prueba
▼ ▼
conocimiento da
de eventos autenticidad e
pasados por inmediatez al
observación añadir
consciente y sentimiento
reflexión
A la tan citada frase de Simone de Beauvoir “No se nace mujer: llega una a
serlo” con la que comienza el segundo tomo de El segundo sexo, conviene aña-
dirle, siguiendo su forma de enunciación, lo que ya ha sido señalado por varias
teóricas feministas y es que no por el hecho de ser mujer se es feminista, sino
que una puede llegar a serlo. En este sentido Chandra Mohanty afirma que
quienes sostienen que las mujeres son feministas por asociación e identifica-
ción con las experiencias que las constituyen como mujeres suponen lo que
podría llamarse la tesis de la ósmosis femenina (Beauvoir, 1986; Mohanty, 1982).
Históricamente, en Estados Unidos la denominación “grupos de autocon-
ciencia” (Consciousness-Raising, CR) fue propuesta por Kathie Sarachild para
el programa de crecimiento de la conciencia feminista de un grupo de mujeres
que se consideraron “radicales” dentro del movimiento. En su artículo “Cons-
ciousness-Raising, A Radical Weapon” Sarachild aclara que “radical” proviene
del origen latino de la palabra que significa raíz y que el grupo que conforma-
ban apuntaba a la liberación de las mujeres como movimiento masivo intere-
sado en llegar a las raíces de sus problemas en la sociedad. Durante las re-
uniones del grupo New York Radical Women surgió el tema de incrementar su
conciencia feminista a través del estudio de bibliografía sobre tópicos concer-
nientes a las mujeres como maternidad, trabajo o niñez, entre otros. El linea-
miento propuesto para la investigación consistió en que el punto de partida de
la discusión y la prueba acerca de la precisión de lo que encontraran en la
búsqueda bibliográfica debía ser confrontado con la propia experiencia. Este
método tenía analogías con lo que en el siglo XVII se propuso desde el ámbito
científico en contra del escolasticismo: estudiar la naturaleza en lugar de los
libros, método que también fue puesto en práctica por otros movimientos revo-
lucionarios.
Quienes compusieron los grupos iniciales de autoconciencia no eran princi-
piantes en cuestiones políticas y en la mayoría de los casos tampoco en el
feminismo. A partir de las discusiones en las reuniones del grupo de autocon-
ciencia surgieron obras importantes como La dialéctica de los sexos de Shula-
mit Firestone, la Política sexual de Kate Millet, además de los ensayos de
Carol Hanish “Lo personal es político”, de Anne Koedt “El mito del orgasmo
vaginal” o el de Pat Mainardi “La política del trabajo doméstico”. A las femi-
nistas radicales corresponde el mérito de haber revolucionado la teoría políti-
ca al analizar las relaciones de poder patriarcal en ámbitos que se considera-
ban “privados”, como la familia y la sexualidad, y haber creado el eslogan “lo
personal es político”.
A partir de 1968 los programas de grupos de autoconciencia se hicieron
populares aunque con el tiempo fueron perdiendo la conexión con el propósito
de producir cambios radicales y revolucionarios para las mujeres, si bien siem-
pre las incitaron a pensar y actuar. En los grupos no se seguía un método sino
principios que se consideraban esenciales: ir a las fuentes tanto en lo histórico
EXPERIENCIAS: ¿MÍAS, NUESTRAS...?: EXPERIENCIAS Y SUBJETIVIDAD 29
Sandra Bartky afirma que, para ser feminista, hay que devenir feminista.
En el pasaje del devenir se vive una experiencia de transformación personal
profunda, que lleva a cambios en el actuar y que describió en “Toward a Phe-
nomelogy of Feminist Consciousness”. Su trabajo fue uno de los primeros aná-
lisis teóricos de la categoría de experiencia en el marco de la teoría feminista y
partió de las prácticas de los grupos de autoconciencia. En la caracterización
de experiencia, Bartky utilizó herramientas del movimiento fenomenológico,
a través de la descripción situada, así como también de la teoría marxista con
respecto a algunas nociones básicas como la de modo de producción. La carac-
terización de la conciencia generizada puede ubicarse tanto en la tendencia de
la fenomenología que Lester Embree (1996) denomina constitutiva como en la
fenomenología existencial. La primera enfatiza la descripción de objetos en
términos de la conciencia de ellos. La segunda pone el acento en aspectos de la
existencia humana en el mundo.
Una de las características de la obra de Sandra Bartky es que ella hace
filosofía feminista combinando metodologías y marcos conceptuales y teóricos.
Así, se ha apoyado en la fenomenología, el existencialismo, el marxismo y el
posestructuralismo para agudizar sus análisis de la condición femenina.
El ensayo en el que expone las características de la conciencia feminista,
“Toward a Phenomenology of Feminist Conciousness”, fue escrito en 1976 cuan-
do todavía la descripción fenomenológica no era tan significativa como lo fuera
en la década de 1990. El que una autora estadounidense como Bartky haya
utilizado esos marcos conceptuales tan tempranamente para ese país resulta
30 ANA MARÍA BACH
Gráfico 3
La conciencia feminista según Bartky
▲
ontológico feminista ético
4. En el pensamiento feminista hay una tendencia a ensalzar la solidaridad entre las mujeres. A
propósito del tratamiento de bell hooks y de Mohanty, se profundiza en qué sentidos se puede
entender esto.
EXPERIENCIAS: ¿MÍAS, NUESTRAS...?: EXPERIENCIAS Y SUBJETIVIDAD 33
Experiencia y subjetividad
5. Para comprender mejor el aporte de Eco creo que es de utilidad retomar las definiciones de
Charles Peirce. Peirce, que estaba en contra del dualismo cartesiano y de la tesis de John Locke
según la cual todo pensamiento es percepción interna de ideas, propone que el conocimiento es un
proceso de significación basado en la relación lógica de la estructura triádica básica del signo. La
función representativa del signo no estriba en su conexión material con un objeto, ni en que sea
una imagen del objeto, sino en que sea considerado signo por un pensamiento. Toda síntesis pro-
posicional implica una relación significativa, una semiosis considerada la acción del signo, en la
que se articulan tres elementos:
1) El signo o representamen es algo que está para alguien, se dirige a alguien, esto es, crea en la
mente de esa persona un signo equivalente o quizá un signo más desarrollado.
2) El objeto es aquello por lo que está el signo, aquello que representa.
3) El interpretante es el signo equivalente o más desarrollado que el signo original, es causado
por ese signo original en la mente de quien lo interpreta.
36 ANA MARÍA BACH
efectos propios del significado, de los signos, como podemos resolver el proble-
ma de qué es el significado de un concepto intelectual. Para él, se pueden
distinguir tres clases principales de interpretantes:
Este tercer elemento convierte la relación de significación en una relación triádica, pues
el signo media entre el objeto y el interpretante, el interpretante relaciona el signo y el objeto, y el
objeto funda la relación entre el signo y el interpretante. Las personas somos sujetos semiósicos y
como tales siempre tenemos la posibilidad de crecimiento. Por ello los signos no se definen sólo
porque sustituyan a las cosas sino porque funcionan realmente como instrumentos que ponen el
universo al alcance de los intérpretes, pues hacen posible que pensemos también lo que no vemos
ni tocamos o ni siquiera nos imaginamos.
Las personas o intérpretes son portadores de interpretantes, de interpretaciones. El signo
crea algo en la mente del intérprete, y ese algo creado por el signo ha sido creado también de una
manera indirecta y relativa por el objeto del signo. En este sentido puede decirse que la aporta-
ción capital de Peirce consiste en poner de manifiesto que, si se acepta que los procesos de signifi-
cación son procesos de inferencia, ha de aceptarse también que la mayor parte de las veces esa
inferencia es de naturaleza hipotética o abductiva, en la terminología de Peirce, esto es, que im-
plica siempre una interpretación y tiene un cierto carácter de conjetura (Barrena y Nubiola, 2007).
EXPERIENCIAS: ¿MÍAS, NUESTRAS...?: EXPERIENCIAS Y SUBJETIVIDAD 37
Gráfico 4
Relaciones de significación
e
Peirc
para
lógico cambio de hábito
Signo Objeto
representa al
mediador funda la
relación
rica futura; es el otro lugar del discurso aquí y ahora, el punto ciego, el fuera
de campo de sus representaciones” (de Lauretis, 2000a: 62).
Cuando de Lauretis describe al sujeto generado toma y adapta los concep-
tos de tecnología del sexo de Michel Foucault y de ideología de Louis Althus-
ser. La adaptación de las tesis de ambos autores para fines feministas se hace
necesaria pues uno y otro padecieron justamente de una ceguera androcéntri-
ca hacia las diferencias sexuales y de género.
Por cierto, la búsqueda de una definición del sujeto del feminismo apunta a
disponer de una construcción teórica que permita entender los procesos carac-
terizados por la reflexión y la militancia feministas. En cierto sentido, puede
retomarse la definición de sujeto de Althusser. Es conveniente tener en cuenta
que para Teresa de Lauretis en la definición de ideología de Althusser se pue-
de reemplazar ideología por género, y llega al punto de afirmar que el género
es lo que algunos denominan “ideología”. Empero, mientras en la definición de
Althusser el sujeto está en la ideología y no se da cuenta de ello, en la del
feminismo el sujeto sabe de esta doble posición de estar y no estar dentro de la
ideología del género.
Para de Lauretis el sujeto del feminismo se genera en la tensión de la con-
tradicción y heteronomía que se da entre el espacio de los discursos dominan-
tes y ese “otro lugar”, ese otro espacio, lo que en el cine se denomina el “fuera
de campo”, el espacio que no se ve, pero que se deduce del encuadre. En “Suje-
tos excéntricos” avanza en la caracterización de este sujeto del feminismo, al
que denomina excéntrico. Tal sujeto puede ser la figura de un espacio concep-
tual y experiencial dentro de las contradicciones, afirmadas aunque no resuel-
tas, del campo social del aquí y el ahora. Pero si se está de acuerdo en que no
hay “un” feminismo, tampoco podrá haber un solo sujeto para los diversos
feminismos. Aun considerando algún feminismo en particular, los horizontes
culturales e históricos son tan variados que tampoco permiten que se defina
un único sujeto, ni siquiera una única figura a la cual llegar, ya que, al mismo
tiempo, no es intención de la autora bosquejar una construcción utópica a la
que tienda el feminismo.
Si tomamos en cuenta además que, como fue señalado, los sujetos están en
permanente proceso de construcción, advertiremos que las definiciones cam-
bian con el tiempo y los enfoques alternativos. Las diversas formas de concien-
cia feminista muestran su variabilidad en ejemplos como el que provee Moni-
que Wittig en Straight Mind (1992). Wittig caracteriza a las lesbianas en un
sentido distinto del habitual pues afirma que “las lesbianas no son mujeres”.
Al decir que las lesbianas no son mujeres en realidad parece pretender hacer
estallar la dicotomía varón/mujer. Los sujetos, para de Lauretis (2000b), “son
términos conceptuales, teóricos de una forma de conciencia feminista que pue-
de existir históricamente sólo en el «aquí y ahora» como conciencia de otra
cosa”. Las distintas posiciones de sujetos excéntricos se conforman a partir de
localizaciones críticas, alcanzadas “a través de prácticas de desplazamiento
EXPERIENCIAS: ¿MÍAS, NUESTRAS...?: EXPERIENCIAS Y SUBJETIVIDAD 39